Nombre del ponente: María Celina Flores

Sección interdisciplinaria de estudios de Asia y África, FFYL, UBA

celiflores80@hotmail.com  

 

Los costos de la reconciliación: una explicación a la xenofobia en Sudáfrica

(Versión preliminar)

            En mayo del 2008, Sudáfrica se vio conmovida por una ola de violencia xenófoba que se expandió rápidamente por varios barrios del conurbano de Johannesburgo, Ciudad del Cabo y Durban.

            Miles de inmigrantes, en su mayoría provenientes de los países fronterizos, Zimbabwe y Mozambique entre otros, fueron atacados por sus vecinos, quienes los responsabilizaban por los altos índices de criminalidad, inseguridad y desempleo. Frases tales Los extranjeros deben irse o morir”, ilustran la xenofobia que inspiró la violencia que, luego del 11 de mayo, se ha esparcido por diversos lugares, todos ellos barrios de pocos recursos económicos, afectados por serios problemas de vivienda y sanidad. Las cifras oficiales hablan de aproximadamente 42 muertos (de los cuales la mitad fueron sudafricanos), 16.000 desplazados y al menos 400 arrestos.

            El gobierno de Sudáfrica ha tenido serios inconvenientes para manejar la situación, las fuerzas de seguridad no estaban preparadas para contener a las comunidades afectadas. Tampoco ha podido dar una rápida respuesta al pedido de refugio de los inmigrantes que han tenido que salir escapando de sus casas.

            Amplios sectores de la sociedad civil, a pesar del pánico, han respondido rápidamente. El día 24 de mayo, se realizó una marcha multitudinaria en Johannesburgo repudiando lo ocurrido. Por su parte, la Iglesia ha tenido una importante participación dando asilo  a los desplazados, contando, para ello,  con una significante ayuda de voluntarios.

            Las organizaciones no gubernamentales han seguido de cerca la situación, han realizado seminarios para analizar y debatir sobre las causas de la violencia. Como resultado, han difundido comunicados e informes, que serán utilizados como fuente en este trabajo.

            La noticia recorrió el mundo, la fotografía de un inmigrante prendiéndose fuego era la expresión más contundente de la situación que estaba viviendo el país de la reconciliación. Las sensaciones desprendidas ante la interpelación de esa imagen, ya eran conocidas para la sociedad sudafricana. Repentinamente, Sudáfrica se encontró cara a cara con el peor de sus pasados.

            Durante la década de 1980, se llegó al punto máximo de violencia en la lucha contra el Apartheid. El necklacing era una práctica de linchamiento público, que consistía en colgar del cuello de la víctima un neumático con gasolina, al que luego prendían fuego.  Esta práctica era habitual entre los sectores negros y estaba dirigida a los que se consideraban traidores o delatores dentro de las filas de la resistencia. En 1985, Kevin Carter fotografió uno de los primeros casos de necklacing, esa foto recorrió el mundo.

            Si uno compara ambas fotos, puede comprender lo que los sucesos de los últimos meses, han despertado en la sociedad sudafricana: “No había visto una imagen así desde hace mucho tiempo. No es que no veamos fotos de cuerpos sin vida en la portada de los diarios, fotos de cuerpos negros. Pero me parece que ver un ser humano consumiéndose por el fuego, es otra cosa. La lucha por sobrevivir, la batalla a la muerte que está siendo animada desde nuestro vecino, es de donde venimos y no podemos darle la espalda.” [1]

            La xenofobia no es algo extraño en estos días, podríamos decir que es un fenómeno mundial, al cual muchos autores ven como una de las tantas consecuencias de la crisis del “Estado- Nación”. Así lo señalan Jean y John Comaroff:: “La mayor parte del debate sobre la “crisis” del estado-nación gira sobre el argumento de que los gobiernos no pueden controlar por más tiempo la corriente de dinero e instrumentos comerciales, de trabajo y mercancías, de flora y fauna, de información, de sustancias ilegales y de extranjeros no deseados… Por esta razón tantos estados, quizá casi todos, actúan como si fueran constantemente víctimas de un doble fenómeno: la invasión desde fuera y desde dentro, la desaparición de lo que propiamente debería pertenecerles. Sudáfrica, por ejemplo, lamenta la fuga de cerebros y el hecho de que sus estrellas del deporte sean expulsadas del mercado, al tiempo que se queja angustiosa y xenofóbicamente por la afluencia de millones de inmigrantes, quienes, como podremos ver, sufren con frecuencia claras violaciones de sus derechos humanos [2]

            Debemos aceptar que la xenofobia es parte de un fenómeno mundial, pero no podemos dejar de cuestionarnos sobre la complejidad inherente a la presencia de ésta en la nación “arco iris”.

            El objetivo de este trabajo es analizar esa complejidad, intentando comprender qué nos pueden decir estos sucesos sobre los límites y alcances de la política de transición  y más específicamente sobre su principal pilar: la reconciliación.

 

La nueva Sudáfrica

            La transición democrática en Sudáfrica data de comienzos de la década de los 1990. El ascenso de Frederick De klerk, en 1989, a la presidencia de la Nación significó el inicio de las negociaciones entre el Partido Nacional y el Congreso Nacional Africano para una salida pacífica del sistema de segregación racial formalmente vigente desde 1948.

            El símbolo del inicio de esta nueva etapa fue la liberación de Nelson Mandela, tras 27 años de prisión, el 11 de febrero de 1990.

            En 1994 se realizó la primera elección democrática, Nelson Mandela se convertía en el primer presidente de la nueva Sudáfrica, una nación que necesitaba ser refundada con el objetivo de evitar una potencial guerra civil entre sus habitantes. Esta nueva sociedad debía cobijar a todos los que vivan en ella. Para eso, era necesario volver a pensar el significado de qué era ser sudafricano, debía constituirse una identidad inclusiva que trascienda las barreras del color.

            El lema de la Nación Arco iris, creado por el Arzobispo Desmond Tutu, simbolizó los objetivos del primer gobierno democrático, lograr armonía entre los diversos colores que convivían en suelo sudafricano. 

            El Estado tenía un rol central en este proceso. Uno de los primeros pasos que debió enfrentar, fue “cerrar el pasado”, marcar una línea entre éste y el presente. Era  necesario juzgar al pasado, pero la forma que se adoptase debía ser congruente con la idea de armonía. Había que responder a las víctimas y mitigar tanto sufrimiento, pero sin una idea de venganza, lograr el “perdón” para hacer factible la reconciliación.

            Los pilares fundamentales de la transición fueron: el concepto de Ubuntu, la verdad y la reconciliación. Estos conceptos se constituyeron en la base para el trabajo de la Comisión de Verdad y Reconciliación, hito fundacional de la Sudáfrica post apartheid. Los objetivos de este proceso serían: verdad para la sociedad, amnistía para los perpetradores y reparaciones para las Víctimas.

            El concepto de Ubuntu, término proveniente de la lengua Zulú, remite a que la humanidad está interconectada, y mi humanidad solo es completa a  través de otras personas. Como señala Desmond Tutu: "Una persona con ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazado cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos."

            Esta concepción guió la idea de que la transición democrática debía ser una conciliación entre las partes heridas de la sociedad. La sociedad debía reconocer lo que había sucedido, liberarse de la culpa y la “enfermedad” a través de la confesión, para así poder reconocer la humanidad que está por debajo del color de piel, y a raíz de la cual todos están intrínsecamente unidos. A partir del Ubuntu, Tutu “africanizó” el concepto cristiano de reconciliación: “Tu sólo puedes ser humano en una sociedad humanizada. Si tu vives con odio y sed de venganza en tu corazón, te deshumanizas no sólo a ti mismo, sino que a toda la comunidad”. [3]

            La reconciliación sería factible cuando la sociedad logre extirpar los fantasmas del pasado a través de un proceso social en el que todos se sientan involucrados.

            A raíz de estas particularidades, Sudáfrica se presenta a los ojos del mundo como un modelo exitoso. El énfasis puesto por el discurso oficial sobre el éxito de este proceso, choca violentamente con la realidad de estos días. Muchos interrogantes se abren, con respecto a los legados del acontecer histórico. ¿Debemos creer que el apartheid ha quedado enterrado y que las únicas secuelas que ha dejado podrán solucionarse con “reparaciones”? ¿Podemos hablar de una verdadera reconciliación?

            Muchos autores sudafricanos [4] , en los últimos años, han descartado esta posibilidad, insistiendo en que Sudáfrica debe seguir trabajando en la transición y la reconciliación. Una de las áreas más frágiles es, sin lugar a dudas, la justicia. En 1996, Mahmood Mandani [5] , realizaba los primeros llamados de atención con respecto a las consecuencias del proceso de amnistía, se preguntaba: “¿Si la verdad reemplazó a la justicia, la reconciliación se convertirá en un abrazo del mal?” [6]

            Los principales organismos de Derechos Humanos también han contribuido a profundizar la crítica en relación al rumbo que ha tomado el proceso, llamando la atención con respecto a la situación de los inmigrantes, y las consecuencias del gran crecimiento económico conjugado a una extrema concentración de sus beneficios.

            Los sucesos de mayo, han servido como  catalizador para todas estas voces que venían reclamando, desde hace tiempo, un debate profundo sobre el alcance de las políticas post apartheid referidas a la reconciliación.

 

Viejos/ nuevos debates: buscando explicaciones a la xenofobia.

            Los primeros que emitieron comunicados públicos repudiando lo ocurrido fueron los organismos de Derechos Humanos, entre los más importantes mencionaremos: el Centro para el Estudio de la Violencia y la Reconciliación, el Instituto de Relaciones Raciales y el Instituto para la Justicia y la Reconciliación.

            Varios análisis, generalmente extranjeros, señalaron como principal responsable de la violencia a la extrema pobreza que afecta a cientos de comunidades.

            Sin embargo, otros analistas, entre los que se encuentran los organismos señalados, alertaron sobre la necesidad de un análisis mas complejo del fenómeno, incorporando variables que llevan a importantes replanteos y críticas con respecto a la realidad de la  “nueva Sudáfrica”.

            El Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales fue muy contundente al respecto: “La violencia sufrida en las últimas semanas debe ser directamente atribuida a una serie de fallas en la política del actual gobierno de Thabo Mbeki.” [7]

            En su mayor parte, las declaraciones apuntan a dos cuestiones: por un lado, algunas críticas van dirigidas hacia las políticas implementadas por el gobierno actual, las que al parecer se alejarían mucho de los principios fundantes de la nueva Sudáfrica. Y por otro lado, algunos análisis plantean la necesidad de re-instalar el debate sobre la complejidad de la reconciliación y la lucha contra los legados del apartheid.

            Profundicemos acerca de estas dos cuestiones.

 

El príncipe se ha convertido en sapo [8]

            La presidencia de Thabo Mbeki, ha tenido muchos cuestionamientos, es continuamente comparado con su antecesor, Nelson Mandela. Se ha llegado a decir que Thabo Mbeki representa una “traición” a los ideales de la nación Arco Iris. En este punto, es necesario remarcar fuertemente la diferencia entre los contextos políticos de ambas presidencias. Al hablar de diferentes coyunturas, hablamos también de diferentes necesidades y objetivos.

            Podemos acordar, que la presidencia de Nelson Mandela tenía como principal objetivo evitar que el fin del apartheid desembocara en una guerra civil. Siguiendo esta meta, sus acciones estuvieron orientadas a fortalecer los fundamentos morales de la reconciliación y el acuerdo entre las principales fuerzas políticas.

            Sin embargo, Thabo Mbeki, presidente desde 1999, delineó otras prioridades. Llamó a abrir nuevamente el debate sobre la reconciliación, pero planteó un argumento reformado acerca de cómo se lograría la misma. Según sus concepciones, la verdadera reconciliación se lograría cumpliendo uno de los principios fundantes para la nueva Sudáfrica: la igualdad de oportunidades para todos. Según sus palabras, la prioridad debía  ser la justicia económica.

            Evidentemente, en sus primeros años como presidente Mbeki ha mantenido el compromiso de seguir en la pelea por la reconciliación. La mayor crítica que se le realiza al gobierno actual, es que esa pelea pareciera haber quedado sólo en un nivel discursivo. Diversos análisis alertan sobre la fuerte contradicción entre el discurso y la práctica, que ha transformado los conceptos fundantes de esta nueva era, en abstracciones.

            En un seminario de emergencia organizado por el Centro para el Estudio de la Violencia y la Reconciliación, Michael Neocosmos presentó las principales claves para pensar la complejidad inherente a la xenofobia en Sudáfrica.

            Según el autor, la violencia y la xenofobia evidencian que la realidad está yendo por un camino muy distinto a lo que los discursos oficiales parecen mostrar. Muy por el contrario a la identidad resumida en el UBUNTU, la nueva identidad post- apartheid sigue reforzándose bajo la idea de excepcionalidad, presentado rasgos xenofóbicos y con una fuerte presencia de la etnicidad. La construcción del nuevo nacionalismo sudafricano, ha llevado al fortalecimiento de la política del miedo, fundamentalmente el miedo a los otros.

 

            El 1998, Human Right Watch ha llamado la atención, en el Informe de 1998,  con respecto a las consecuencias de la llegada masiva de inmigrantes: “La preocupación pública por el aluvión de inmigrantes indocumentados que ingresan a Sudáfrica diariamente, acompañada por un aumento de los sentimientos xenófobos ha dado lugar a una serie de ataques contra los extranjeros que trabajan, por ejemplo, como vendedores ambulantes. La respuesta de la policía a esos ataques no ha sido la adecuada.” [9]

            Este sentimiento de xenofobia, se empezó a expresar, también, en gran cantidad de discursos oficiales, uno de los mas recodados en estos días, fue el comentario del entonces Ministro de Asuntos Interiores, Mangosotho Buthelezi: “si nosotros como sudafricanos vamos a competir  por los escasos recursos con millones de extranjeros que están entrando en nuestro país, entonces podemos despedirnos de nuestro programa de reconstrucción y desarrollo”. [10]

            Progresivamente, se fue creando una idea general de que los inmigrantes llegaban al país con el objetivo de llevarse todo y no dejar nada. Claramente esto dista mucho de la  idea de mancomunidad africana reflejada en el  Ubuntu.

           

            Otro elemento que contribuyó en parte a la existencia de un clima general de xenofobia es el reforzamiento de la idea de excepcionalidad sudafricana en la nueva identidad. Esta idea de excepcionalidad no es nueva, sino que era el principal componente del nacionalismo afrikaner: “La historia de los afrikaners revela una determinación y una precisión de propósito que hace sentir que la afrikanerdom (conjunto de la nación y de la ideología afrikaner) no es una obra humana sino una creación de dios. Tenemos un derecho divino a ser afrikaners, nuestra historia es la obra más grandiosa del arquitecto de los siglos” [11]

            El proceso de conformación de la identidad sudafricana post apartheid pretendió, por lo menos desde el discurso, poner fin a esa idea de excepcionalidad afrikaner, para integrar a Sudáfrica en una identidad más inclusiva, tanto al interior del país como en el continente.  Tabo Mbeki, siendo vicepresidente, en el acto de sanción de la nueva constitución, pronunció uno de sus mas famosos discursos, en donde delineará los principios fundamentales de la nueva identidad sudafricana: “Yo soy Africano, Yo he nacido de las entrañas de la gente de este continente. El sufrimiento de la violencia  de la población de Liberia, Somalia, Sudan, Burundi y Algeria, es un sufrimiento propio también. La pobreza, sufrimiento y degradación humana que se viven en mi continente es una frustración que compartimos todos.” [12] . Como vemos, esta identidad pretendía ser inclusiva, rescatando lo que es común a todos, la africanidad.

            En la realidad, impulsado por el éxito del proceso de transición, entre otros aspectos,  la idea de “pueblo elegido” volvió rápidamente a ser parte del nacionalismo sudafricano. Este cambio se ve expresado en la concepción de UBUNTU, que se refleja en el último discurso de Mbeki, en conmemoración del día de África: “La violencia y la criminalidad que hemos visto en unos pocos sudafricanos,  se ha parado en contra a nuestra búsqueda para construir una sociedad mas humana, resumida en los valores del Ubuntu… En este día, el día de África, hagamos una pausa para reflexionar sobre qué es ser un ser humano, un sudafricano, y un africano” [13] . Claramente en estas palabras, Ubuntu queda remitido a la humanidad dentro de la nación arco iris, Sudáfrica es nuevamente pensada como fuera del continente, como señala Neocosmos: “África representaba el lugar del otro”. Es mas, el éxito de la política de reconciliación, en su objetivo mas concreto: evitar la guerra civil, no hizo mas que aumentar la idea de que Sudáfrica tenía un pasado y un futuro único. Y que debía conformarse en un ejemplo para la humanidad.

 

¿Es tiempo de renunciar a la reconciliación? [14]

            Otro  punto de análisis abordado a partir del conflicto, fue la complejidad inherente al proceso de reconciliación.

            Varios organismos de Derechos Humanos, enfatizan en la necesidad de asumir la complejidad de la lucha contra los legados del apartheid, y  que todavía queda un largo camino por recorrer en términos de reconciliación:  “¿Es posible que los sudafricanos nos hallamos tontamente convencido de que hemos logrado  la consolidación de la democracia: que en virtud de un legado honorable, una constitución, elecciones limpias y libres y la existencias de instituciones democráticas, todo  se acomodará solo?” [15]

            Veamos detalladamente cuáles son las críticas a los límites de la política de la reconciliación y las consecuencias de la misma para la formación de la nueva Sudáfrica.

            En 1973 fue la primer vez que la comunidad internacional, a través de la Resolución nº 3068 de la Asamblea de Naciones Unidas, la “Convención internacional sobre la represión y el castigo del crimen del apartheid”, determinó que el sistema de segregación racial implementado en Sudáfrica constituía un Crimen de Lesa Humanidad. La comisión de Verdad y Reconciliación, en el informe de 1998, retomó esta calificación y afirmó que el reconocimiento de lo ocurrido sería el primer paso para la reconciliación.

            Mahmood Mandani, en un artículo del 2002 [16] , plantea que la metodología que se utilizó en el trabajo de la comisión, limitó en la práctica a la política de la reconciliación. La base de está afirmación está, en lo que el autor considera, una incongruencia entre medios y fines.

            Para este autor, calificar a un crimen como de Lesa Humanidad, implica enfatizar en las prácticas institucionalizadas de discriminación y persecución. Muy por el contrario, la comisión trabajó a partir de las violaciones particulares a los derechos humanos. A pesar del énfasis puesto en que el trabajo de la comisión fuese público, lo que suponía que la sociedad sea parte activa de ese proceso, la metodología de trabajar con las víctimas y los perpetradores determinó una solución a nivel individual. El trabajo sobre la reconciliación se llevó adelante entre víctimas y perpetradores, representando su reconciliación como la de toda la sociedad. El proceso de sanación no fue realmente pensado como un proceso social, no se desarrollaron acciones que contribuyeran al  reconocimiento de  que todos, tanto víctimas y perpetradores, eran sobrevivientes que tenían la obligación de construir un futuro juntos: “la reconciliación no puede ser entre víctimas y perpetradores, solo puede ser entre sobrevivientes” [17] .        

 

            Otra de las falencias a destacar, es que la característica individual que tuvo el  proceso no dio lugar a la consideración de las consecuencias sociales de las políticas de segregación racial, implementadas, primero por el gobierno colonial y luego por el estado del Apartheid.  Las políticas de institucionalización de la desigualdad, como la segregración, los desplazamientos forzosos, la división del grupo subyugado en “etnias”, han formado la base del Estado sudafricano. La refundación de la nación debía transformar las antiguas estructuras y trabajar con las consecuencias sociales de dichas políticas. La lucha contra los legados del apartheid, no deja de ser una lucha contra los legados más profundos del Estado Colonial. Y en eso Sudáfrica no difiere del resto de África.

            La ola de xenofobia ha sido retratada por los medios como una violencia “black on black” [18] , la misma caracterización que había tenido la violencia durante la segunda mitad de la década 1980 bajo el Estado de emergencia.

            Por otro lado, la  frase “que se vayan los Shangas” emitida por los perpetradores de la violencia contra los inmigrantes, muestra los elementos que dividen a estos grupos sociales. ¿Cómo podemos interpretar esta violencia de “negros contra negros”? ¿Debemos comprar la idea de que corresponde a la barbarie propia de la etnicidad? Claramente no, Mahmood Mandani nos brinda algunas claves para complejizar el análisis.

            Como sucesor del estado colonial, el Apartheid dividió a la población entre nativos (esta calificación correspondería a los grupos “habitante de la tierra”) y no nativos (todo grupo que se considerara como “llegado a esas tierras”). A los primeros le correspondería una clasificación étnica y estarían regidos bajo la ley constitudinaria, los no nativos serían divididos a partir de criterios raciales, y legislados bajo la “ley moderna”. Por supuesto la división racial, determinaba una jerarquización entre las mismas, la raza blanca gozaría de todos los derechos civiles, y razas inferiores (como los Colours y los indios) tendrían derechos civiles limitados. “Donde la población negra fue fragmentada en diversas autoridades étnicas, la violencia entre negros simbolizaba tanto la violencia contra otras etnias, como la resistencia a esas categorizaciones” [19] . Las comunidades negras se encontraron doblemente divididas, por criterios raciales y por criterios étnicos. 

            La existencia del estado bifurcado, según Mamdani, es una de las mayores consecuencias del sistema de segregación racial, la violencia de negros contra negros, la apelación a las identidades étnicas no son mas que legados directos de las profundas huellas que ha dejado este sistema en la sociedad. La lucha por los recursos se sigue realizando en clave de esta bifurcación, la apelación a la etnicidad sigue constituyendo una herramienta fundamental para la adquisición de beneficios.

            En la Sudáfrica post apartheid, no ha existido un cuestionamiento de las divisiones sociales, tanto étnicas como raciales. La nación Arco Iris pretendía la integración de los diferentes grupos, pero no tenía como objetivo su desmantelación. En este caso, la violencia desatada contra los inmigrantes, trae nuevamente el debate con respecto a la necesidad de, no solo desracializar la sociedad civil, sino de terminar con la bifurcación del estado llevando a su “desetnitización”.

            Para dejar al pasado atrás, hay que abandonar todos sus componentes; el racismo, el miedo al otro y la injusticia parecieran ser filtraciones de un pretérito que pareciera, no haber quedado tan lejos como lo suponen los discursos oficiales. Como señalo un periodista del Mail & Guardian, en el mes de julio: “En todas partes, la gente honrada  debe levantarse contra el racismo y la xenofobia. La lucha contra el apartheid es un proceso, no un evento”. [20]

 

Delineando algunas conclusiones

            Dicen que la xenofobia y el racismo denotan una profunda inseguridad de quien lo ejerce y lo expresa, el miedo al “otro” se canaliza en agresión y expulsión.

            Recorriendo rápidamente la historia de Sudáfrica, uno se encuentra con que por lo menos desde el S XVII, el miedo a los otros ha sido una constante. La progresiva estructuración del apartheid, durante el S.XX,  por una minoría blanca es una gran evidencia.

            Sudáfrica ha tenido la conciliación como problema desde su fundación, evidentemente el proceso de transición iniciado oficialmente en 1994 con la instauración de la Nueva Sudáfrica no ha podido cortar con esta historia.

            Los sucesos de mayo, han demostrado la desproporción en las políticas de reconciliación, enfatizando en el apartheid como un problema racial, pero poco se ha hecho para transformar el mayor legado del sistema de segregación racial, la concentración de los recursos y riqueza en pocas manos. Todos los informes de seguimiento de las políticas de la nueva Sudáfrica, señalan que la concentración de riqueza no ha variado, sólo se ha modificado el color de quien la posee.

            Podemos decir que Sudáfrica ha dado pasos importantes para la construcción de una sociedad verdaderamente democrática, pero lo que los últimos sucesos hacen notar es que la reconciliación ha quedado en un nivel muy abstracto.

            Como ha señalado, en el 2004,  el Centro para el Estudio de la Violencia y la Reconciliación, “una aceptación acrítica de la reconciliada nación arco iris, ha llevado a creer que desde 1994 el país se ha sumergido en el umbral de la unidad y la solidaridad” [21] , esta ingenuidad deviene en sorpresa ante los sucesos de violencia de índole xenofóbica, como los analizados en este trabajo.

            Luego de lo expuesto, considero que lo que ha vivido la sociedad sudafricana durante el mes de mayo,  marcó fuertemente a la “nueva Sudáfrica”.

            Desde la sociedad civil se han abierto nuevas líneas de debate, podríamos pensar que se ha tomado conciencia sobre las falencias del proceso y los costos que ha tenido la política de la reconciliación. Es necesario ahora, que desde el Estado se comiencen a tomar en consideración estas líneas de análisis, para acercar acciones y palabras. Lamentablemente, los dudosos manejos con la justicia, las denuncias por corrupción y la apelación constante a sus “atributos” étnicos devenidos de su pertenencia zulú, que bañan al actual presidente del ANC y candidato a la presidencia, Jacob Zuma, no se presentan como buenas señales.

            Varias pancartas el día de la marcha han traído a escena las palabras de la Carta de la Libertad: Sudáfrica es para todos los que viven en ella”.  Para la conciliación, considero necesario interpelar a esta frase en relación con los diferentes contextos en la que fue expresada, pensar en cada caso qué actores formaban parte de su imaginario. Más precisamente, en el contexto actual, ¿quiénes se piensan como actores “válidos” en la sociedad de la nueva Sudáfrica?
 Bibliografía consultada

Fuentes

Ø      Hofmeyr, Jan, Picking up the pieces: coming to grips with our xenophobic shame, Institute for Justice And Reconciliation, Junio 2006.

 

Ø      Mbeki, Thabo, Radio and televisión address to the nation by the president of South on the occassion of Africa Daly.

 

Ø      Neocosmos, Micheal, The politics of fear and the fear of politics, Seminar: Why do we fear and hate the other? Understanding xenophobia in the South African Context, Centre for the Study of Violence and Reconciliation, 26 de mayo 2008.

 

Ø      Pillay, Suran, The Picture of thing to come, History Matters Blog, South African History on line, 3 de julio de 2008.

 

Ø      Reconciliation Barometer, Institute for Justice and Reconciliation, Agosto 2008.

 

Ø      Statement by the South African Institute of race Relations on casual fators behind the violent unrest in and around Johannesbur, 20 de mayo 2008.

 

Bibliografía general.

 

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Ø      Carlin, John,  Xenofobia en Sudáfrica, Diario el País, 25/05/2008,

 

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Ø      Human Right Watch, World Report 1998.  http://www.hrw.org/worldreport/Africa11.htm#P914_246955

 

Ø      Kader Asmal, Louise Asmal and Ronald Zurres Roberts (1996), Reconciliation Through Truth, David Philip Publishers, Cape Town and Johannesburg and Mayibuye Books, University of the Western Cape.

 

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Ø      Mamdani, Mahmood Ciudadano y súbdito. El legado del colonialismo en el Africa contemporánea México, Siglo XXI, 1998

 

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Ø      Moody, Barry, Has betrayed Mandela´s Legacy?, Mail & Guardian on line, 16 de julio 2008.

 

Ø      Neocosmos, Michel, From Foreign Natives to natives Foreigners: explaning xenophobia un contemporary South Africa, Codesria, Dakar, 2006.

 

Ø      Thabo Mbeki, I´M an African, 1996

 

Ø      Valji, Nahla, Crime Security and fear of “the others”, Sunday independient, 4 de julio de 2004.

 

Ø      Zulu fighter goes on the attack against Robert Mugabe”, Sunday Time, 20 de abril, 2008.

 

 

Diarios consultados

 

Ø      Mail and guardian on line, Special report of Xenophobia. http://www.mg.co.za/specialreport/xenophobia

 

 

 

 

 



[1] Suren Pilay, The Picture of things to come?, Histoy Matters, South Africa History on line. http://www.sahistory.org.za/

[2] Jean y John L. Comaroff, Naturalizando lo nación: Aliens, Apocalipsis y el Estado colonial, Revista de Antropología social, 2002. ISSN: 1131-558X. Pág 12.

[3] Citado en: Antjie Krog, Country of my skull, Three Rivers Press, New York, 2998. Pág 143

[4] Véase por ejemplo: Boraine, Alex, Reconciliación: ¿a qué costo? Los logros de la Comisión de Verdad y Reconciliación.

[5] Mandani, Mahmood, Reconciliation without justice, Southern African Review of books, Issue 46, 1996

[6] Idem.

[7] Declaración del Instituto de Relaciones Raciales de Sudáfrica, 20 de mayo de 2008.

[8] Moody, Barry, “Has S.A betrayed Mandela´s legacy?, Mail & Guardian, 16 de julio de 2008.

[9] Human Right Watch, World Report 1998.  http://www.hrw.org/worldreport/Africa11.htm#P914_246955

[10] Citado en Micheal Neocosmos, The politics of fear and the fear of politics, Centre for the Study of Violence and Reconciliatión, May 26 2008. Seminar: Understandign xenophobia in the south african context.

[11] Brian Bunting, The rise of the south african reich, 1964, citado en  Cornevin Marianne, Apartheid: Poder y falsificación de la historia, Unesco.

[12] Thabo Mbeki, I´M an African, 1996

[13] Thabo Mbeki, Radio and television address to the nation by the president of south africa, on the ocasion of africa day.

[14] Fanie Du Toit, Is time to give up on reconciliatión ?, medias articles, CSVR, marzo 2008,

[15] Hofmey, Jan, Picking up the pieces: comino to grips with our xenophobic shame, Institute for justice and reconciliation, Agosto 2008.

[16] Mahmood Mamdani , Amnesty or Impunity? A Preliminary Critique of the Report of the Truth and Reconciliation Commission of South Africa , Diacritics, Vol. 32, No. 3/4, The Johns Hopkins University Press

[17] Mahmood Mamdani , Amnesty or Impunity? A Preliminary Critique of the Report of the Truth and Reconciliation Commission of South Africa , Diacritics, Vol. 32, No. 3/4, The Johns Hopkins University Press.

[18] En un artículo del diario español del país se llego a habla de “negrofobia”: “el odio a los negros por los negros; específicamente, el de los negros surafricanos hacia los negros que no son surafricanos.” John Carlin, Xenofobia en Sudáfrica, Diario el País, 25/05/2008,

[19] Mahmood Mamdani , Amnesty or Impunity? A Preliminary Critique of the Report of the Truth and Reconciliation Commission of South Africa , Diacritics, Vol. 32, No. 3/4, The Johns Hopkins University Press

[20] Campbell, Honrace, Xenophobia is apartheid, Mail & Guardian on line, 1 de julio de 2008.

[21] Valji, Nahla, Crime Security and fear of “the others”, Sunday independient, 4 de julio de 2004.

 

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